miércoles 10 de junio de 2009

El precio de la cultura


España, este intratable pueblo de cabreros, tiene entre sus deficiencias la de valorar la creación cultural en su justa medida, es decir, no tomar en serio las reivindicaciones de los artistas que se ven perjudicados por la piratería y ven como sus ideas les son robadas sin que nadie haga un grito al cielo reivindicando seriamente y con acciones concretas sus derechos. Por eso creo pertinente compartir un texto de Emilia Pardo Bazán sobre el precio de la cultura en la España del siglo XIX, ya veréis, muy actual...


No afirmo yo que las novelas carezcan en absoluto de lectores, si bien la novela, en nuestra tierra de garbanzos, dista mucho de ser, como en Inglaterra, una necesidad social; pero aquí, que no somos ni comunistas ni tacaños, guardamos el consumismo y la tacañería para las novelas, y todo el mundo se asusta de que una novela cueste tres pesetas y hasta dos, como la primera edición de Los Episodios. Dos pesestas se gastan pronto en un café, en una butaca para el teatro, en cohetes, en naranjas, ¡pero en una novela! Todo español se tienta el bolsillo.

viernes 5 de junio de 2009

La solución evangélica a la crisis


Cuando uno oye hablar de la crisis econòmica y ve como todo el mundo ignora el grave descalabro humano que estamos sufriendo, le invade una grave necesidad primaria de entrar pistola en mano en una sucursal bancaria poblada de viejos ricos aficionados al padel y llevarse el dinero de la caja fuerte para entregarlo a Florentino por el fichaje de Iniesta. Sería un modo digno de imitar el nivel humano de los gualtrapas y memos que nos venden aún la falsa idea del desarrollo de la individualidad como el principio de la felicidad.

Des de mi posición contradictoria de cristiano escéptico con el propio Crisitianismo, he aprendido a ver que la extrema afirmación del individuo y su consecuente individualidad es el principio de todos los males, y la crisis que estamos muriendo es un ejemplo inmejorable. A medida que avanza el descalabro económico desfallecen las voces que hablan del otro como un yo al que cuidar, un hermano para el que vivir, la caridad como modelo de vida para encontrar en el arte de dar, el principio de la plenitud interior, que es al fin y al cabo, el camino espinoso para llegar a esta extraña felicidad que segurament no necesitamos para ser felices.

Propongo una solución evangélica a la crisis, una remodelación de la persona, de sus inquietudes, de sus prioridades, de sus decisiones, y en todo esto no meto a Dios porque si existe, demasiado trabajo tiene en hacer callar Benedetti durante su juicio personal.

miércoles 3 de junio de 2009

Trabajar el olvido


El olvido quizás es la mejor forma de recordar, la más literaria, la que nos permite depurar nuestras malas experiencias para recoger solo los frutos y sentir que todo ha merecido la pena a pesar de los momentos neuróticos donde el espejo era un delatador de nuestra locura reprimida.

No podemos decidir sobre nuestra memoria pero si que la podemos modelar para idealizar para bien o para mal nuestra infancia, nuestra adolescencia, nuestros primeros amores, nuestros primeros éxitos laborales, y compararlo con el tedioso presente donde todo nos parece lineal y rutinario, aunque en nuestra mocedad pensáramos que la rutina adulta podría ser la más emocionate de nuestras aventuras.

Por tanto, el olvido es el primer causante de la sensación de vacío de la persona posmoderna que intenta abrazar el éxito mundano pensando que allí se encuentra el fin, ignorando que no todo tiempo pasado fue mejor y que seguramente, aunque Los Secretos canten con maestría lo de volver a ser un niño, no queremos volver a recordar el sufrimiento infantil del que tiene un problema con un amigo, del que no se encuentra a gusto en un determinado ambiente, es amonestado públicamente como un adulto, o se da cuenta que Melcior, Gaspar y Baltazar son puramente monárquicos: trabajan una vez al año y encima es mentira. No queremos recordarlo porque después comprenderíamos la realidad y la verdad siempre resulta muy violenta. Un consejo para terminar: vamos a modelar el olvido para ser más felices.

domingo 31 de mayo de 2009

El espejo impúdico de los mil rostros


El silencio es el espejo impúdico de los mil rostros. Un fin de semana encerrado en un monasterio realizando unos ejercicios meditativos es la mejor forma de poner en cuarentena el rostro moribundo del animal malherido por el ritmo frenético del progreso. Encontrarse con uno mismo sin la necesidad de ser reconocido por los otros da respeto, porque sabes, que detrás del ser sociable y seductor que todos envidian, hay un hombre lleno de contradicciones con un anhelo autodestructor preocupante.

Por todo eso, porque uno mismo solo consigue reecontrarse conviviendo con si mismo lejos del murmullo de los compañeros de viaje de los fines de semana, y huyendo de las constantes aves de paso que han poblado tu cama con un perfume fresco y un pijama transparente, es recomendable realizar el ejercicio de tomarse unos días de vacaciones vitales para recuperar la verdadera vitalidad, la vida certera que hay detrás de las falsas visiones diarias que nos llegan desde los aparadores más luminosos de nuestra ciudad en cueros.

martes 26 de mayo de 2009

El llanto de Silvio Rodriguez


Más allá de la canción, de su voz mística con textos profanos, pervive dentro de mi todos los abriles invernales, el llanto de Silvio Rodríguez llorando a la amada perdida por la ambición de encontrar la utopia de una amante perfecta en un mundo distinto. Mi fracaso amoroso lo debo a los acordes melancólicos de Silvio y a mi intento de convertirme en un poeta maldito para poder seducir a mujeres fatal con mi rostro vendido a la derrota.

Pero en Silvio el llanto es triumfo, es la sonrisa irónica del fracasado que se sabe vencedor, la mirada alegre del que quiere dar la imagen de desespero porque se sabe distinto a los demás, y solo llorando puede disimular su excelencia. Este engaño del cantautor lo comprendí a los treinta, cuando todas las mujeres de las que había estado enamorado ya estaban casadas con economistas brillantes y abogados sin estómago. Ahora, a día de hoy y pagando las consecuencias de los días de ayer, sólo me queda el consuelo de saber que no tendré descendencia y pasaré a la posteridad como el modelo único de una especie condenada al olvido por el llanto de Silvio Rodríguez.

sábado 23 de mayo de 2009

El absentismo religioso


La pared repleta de botellas tiene una colección de ímagenes de la Virgen que nos echa en cara nuestra devoción perdida y las consecuencias de nuestro escepticismo moral posmoderno. La absenta va recorriendo con la lentitud del veneno serpentil, unas gargantas agnósticas de un futuro mejor y devotas de un pasado idealizado por la precariedad de un presente mediocre. Siempre estamos los mismos, el profesor de universidado obsesionado en Lord Byon y su literatura del mal, el repartidor de condones enamorado de la dependienta de un sex shop barato, el hijo de la vecina maltratado por un padre alcohólico y un perro loco, una antigua novia de las adolescencia que me persigue para echarme en cara mi fracaso sentimental provocado por un exceso de mujeres fatal, y sobretodo, el camarero, nuestro guía moral hacía el cielo de los bebedores absentistas.

Al final de la noche, cuando la ebriedad gana cancha a la temida sobriedad, uno se acerca a los compañeros del túnel de la noche y les dice en voz baja para no despertar la sensatez, que tenemos un problema de absentismo religioso. Las carcajadas y los gritos de "Viva el poeta" vuelven a llenar el vacío de nuestro enésimo sábado nocturno contemplado irónicamente por la imagen de la Virgen de Guadalupe. Una noche más, un día menos.

miércoles 20 de mayo de 2009

La tuberculosis del siglo XXI


La necesidad de un viaje inminente a México para contraer voluntariamente la gripe del cerdo ha encendido las alarmas de todos mis familiares que por el simple hecho de compartir sangre, se sienten con la obligación moral de obsesionarse por mi endeble salud física, aunque asimismo ignoren mi felicidad o plenitud mental.
Los grandes escritores españoles del siglo XX: Cela, Castellet, Gil de Biedma, Barral, Goytisolo... sufrieron en sus carnes la enfermedad de la tuberculosis gracias a la cual pudieron durante un período prolongado de tiempo enriquecerse de los clásicos de la literatura, y escribir en su formación personal de literatos una historia donde se puede mezclar la épica, la lírica, la sátira e incluso la tragicomedia. Dicho esto, tengo la obligación profesional de contraer dicha enfermedad de origen porcino para contraer la nueva enfermedad de los novelistas del siglo XXI, porque aunque no me prodiga mucho en el estilo, por lo menos tengo la consolación de compartir caminos hospitalarios paralelos.